En términos generales, la gobernanza democrática se asocia con sistemas de gobierno en donde se respeta el Estado de Derecho y las instituciones funcionan en apego a las normas democráticas. Ello, por ejemplo, se traduce en regímenes políticos donde los gobernantes son electos mediante procesos libres, periódicos y transparentes. Otros factores característicos incluyen la promoción de la transparencia y la rendición de cuentas, así como el respeto por los derechos humanos. Cabe resaltar que en estos sistemas de gobierno se busca que la ciudadanía participe abiertamente y ejerza a plenitud sus libertades.
En la práctica, la gobernanza democrática puede verse amenazada por distintos factores que en ocasiones actúan de forma individual o simultánea. Algunos de ellos pueden ser heredados y de mayor complejidad en su solución, como los altos niveles de pobreza o desigualdad. No obstante, el deterioro de la gobernanza democrática también puede ser motivado por un líder que premeditadamente busque centralizar el poder, polarizar a la sociedad, radicalizar el debate público, desinformar, empoderar a las fuerzas armadas y hacer poco o nada por combatir al crimen organizado y a la corrupción.
Para evitar el deterioro de los sistemas y valores democráticos, existen los contrapesos. Algunos tienen cierto grado de dependencia del Ejecutivo y otros son completamente ajenos a él. Con el paso del tiempo, estos actores se han convertido en elementos imprescindibles en las democracias modernas. En la teoría, los contrapesos vigilan la actividad de otros actores, con el fin de evitar que se comporten de una manera ilegal o poco ética. En la práctica, monitorean los procesos democráticos, identifican abusos provenientes del Ejecutivo, levantan las alarmas y generan evidencia sobre las irregularidades para el uso público.
Los contrapesos tradicionales del Ejecutivo son los poderes Legislativo y Judicial. Asimismo, se han ido fortaleciendo las facultades e independencia de los organismos autónomos, las oficinas de auditoría, así como de las agencias anticorrupción. En el listado también se incluye a los think tanks (centros de investigación/organizaciones de sociedad civil), al sector privado y a los medios de comunicación. En estos casos, como parte de su monitoreo y seguimiento, analizan y cuestionan las acciones del Ejecutivo. La tarea de señalar abusos y faltas invariablemente incomoda al poder.
La fuerza que tienen los contrapesos y su capacidad de lograr que los agentes observados rindan cuentas y generen algún tipo de cambio, a partir de una observación, depende de varios factores. En ciertos casos, su vulnerabilidad se hace palpable con la disminución del presupuesto público, la estigmatización y la persecución. La relación de poder puede llegar a ser bastante asimétrica, como sucede cuando las organizaciones de la sociedad civil buscan confrontar la fuerza del Estado. Es entonces cuando la suma de esfuerzos de varios contrapesos cobra relevancia.
En el caso de México, hemos sido testigos de los reiterados ataques a algunos de estos actores. Entre las víctimas encontramos al Instituto Nacional Electoral (INE), a algunos miembros de la Suprema Corte de Justicia, a diversos periodistas, activistas, organizaciones de la sociedad civil, al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), entre muchos otros.
Si bien las agresiones han adoptado diversas formas, resulta interesante abordar el tema del INAI y la importancia que han tenido los contrapesos para mantener con vida y operando a la institución. Cabe recordar que a finales de marzo el pleno del organismo se quedó únicamente con cuatro de sus siete miembros, lo que hizo imposible que pudieran sesionar y desahogar los recursos de revisión.
Fueron varios los esfuerzos y acciones que emprendieron distintos contrapesos de forma simultánea para presionar el nombramiento, en un primer momento, de los comisionados faltantes y, posteriormente, para permitir al pleno del INAI sesionar únicamente con los cuatro miembros restantes. La postura y unión de las organizaciones de la sociedad civil y el sector empresarial fueron claras ante la situación del organismo. Se estaba vulnerando el derecho de acceso a la información consagrado en la Constitución.
En medio de esa lucha, una buena noticia es la resolución de la Segunda Sala de la Suprema Corte de Justicia que, luego de cinco meses de parálisis, autoriza que el INAI pueda sesionar con cuatro de los siete integrantes que debería tener su pleno. Lo anterior, en tanto que el Senado realiza al menos uno de los nombramientos pendientes.
El caso del INAI es un ejemplo claro de un intento de parte del Ejecutivo por debilitar una institución que se ha constituido a partir de valores democráticos y que vela, entre otras cosas, por la transparencia y la rendición de cuentas. Sin embargo, este mismo caso nos deja ver la relevancia que tienen los contrapesos y, aún más, la importancia de articular estrategias que busquen activar a varios de ellos de manera coordinada para contrarrestar las debilidades individuales y potenciar su efectividad.
* Liliana Alvarado (@lilialvaradob) es Directora General de Ethos Innovación en Políticas Públicas (@EthosInnovacion).
Desgarradores testimonios de sobrevivientes y testigos directos de una tragedia que ha dejado miles de muertos y desaparecidos. “Es como si hubiera caído una bomba nuclear”.
Las imágenes son desoladoras. Cadáveres abandonados en las calles, personas sacando cuerpos debajo de los escombros con sus propias manos.
Testigos directos del horror le dijeron a la BBC que barrios y edificios enteros fueron arrastrados al mar mientras la gente dormía.
Y ahora “el mar está devolviendo decenas de cadáveres”, relató Hichem Abu Chkiouat, ministro de Aviación Civil y miembro del Comité de Emergencia en el este de Libia.
Esa es la situación que se vive en la ciudad portuaria de Derna tras las inundaciones causadas por la tormenta Daniel que arrasaron el este del país dejando una estela de destrucción con miles de muertos y desaparecidos.
Familiares buscan desesperados a sus seres queridos con la esperanza de encontrarlos vivos o al menos identificar sus cuerpos para darles sepultura.
Mientras los equipos de emergencia continúan trabajando, en algunas zonas de la ciudad cuerpos envueltos en sábanas están siendo arrojados en fosas comunes.
El número de muertos que dejaron las inundaciones en el este de Libia sigue aumentando. Las autoridades dicen que se han encontrado más de 5.000 cadáveres solo en la ciudad de Derna, mientras que en los alrededores y en el resto del país ya se contabilizan decenas de miles desplazados.
Voluntarios han llegado a la zona para socorrer a los sobrevivientes
“Es un completo desastre. Estoy realmente en shock”, dijo un médico que viajó a Derna para tratar a los heridos.
El medio de comunicación local Derna Zoom publicó en la red social X (anteriormente Twitter) que una cuarta parte de la ciudad quedó “completamente aniquilada”.
“Es como si hubiera caído una bomba nuclear”, decía el mensaje.
Quienes han logrado comunicarse con familiares y amigos en la zona afectada están desconsolados.
La gente está viviendo el “día del juicio final”, le dijo a la BBC el periodista libio Johr Ali.
Un amigo encontró a su sobrino “muerto en la calle, arrojado por el agua desde su tejado”, relató el reportero.
Ali, que vive exiliado en Estambul debido a los ataques a periodistas en Libia, comentó que otro de sus amigos perdió a toda su familia en el desastre.
“Su madre, su padre, sus dos hermanos, su hermana Maryam, su esposa (…) y su pequeño hijo de 8 meses… Todos ellos murieron, toda su familia está muerta y él me pregunta qué debe hacer”.
En otro caso, Ali dijo que un sobreviviente le contó que había visto a “una mujer colgada de las farolas, porque las inundaciones se la llevaron”.
“Murió allí”, añadió Ali.
Las calles de Derna están cubiertas de barro y escombros y llenas de vehículos volcados.
“La gente escucha los llantos de los bebés bajo tierra y no saben cómo llegar hasta ellos”, relató el periodista.
El rescatista Kasim al Qatani le dijo a la BBC que no hay agua potable en Derna y que escasean los suministros médicos.
Agregó que el único hospital de Derna ya no podía recibir pacientes porque “hay más de 700 cadáveres esperando en el hospital y no es tan grande”.
Aunque la tragedia comenzó con las intensas lluvias causadas por la tormenta Daniel, testigos dijeron que la situación se salió de control cuando oyeron la explosión de una gran presa que terminó expulsando un gigantesco torrente de agua que “parecía un tsunami”.
La información disponible hasta ahora señala que las lluvias provocaron el colapso de dos represas en el río Derna, “que arrastraron barriadas enteras con sus residentes hasta el mar”, según explicó Ahmed Mismari, portavoz del Ejército Nacional Libio, que controla el este del país.
Además de Derna, también se han visto afectadas las ciudades de Bengasi, Susa y Al Marj, todas ellas en el este, así como Misrata, en el oeste, en medio de las peores inundaciones en las últimas cuatro décadas en el país.
El médico libio Najib Tarhoni, que trabaja en un hospital cerca de Derna, pidió ayuda con urgencia.
“Tengo amigos aquí en el hospital que han perdido a la mayoría de sus familias… han perdido a todos”, le dijo a la BBC.
“Sólo necesitamos gente que entienda la situación: ayuda logística, perros que realmente puedan oler a la gente y sacarla de debajo de la tierra. Sólo necesitamos ayuda humanitaria, gente que realmente sepa lo que está haciendo”.
También existe una necesidad urgente de equipos forenses y de rescate especializados y otros dedicados a la recuperación de cadáveres, les dijo a los medios turcos el jefe del Sindicato de Médicos Libios, Mohammed al Ghoush.
Los esfuerzos de rescate se han visto complicados por el hecho de que Libia está dividida entre gobiernos rivales y el país lleva más de una década de conflicto.
La lucha entre facciones ha llevado al abandono de la infraestructura y ha dado lugar a una pobreza generalizada en un país con pocos recursos y experiencia para enfrentar este tipo de catástrofes.
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