La presente administración, así como las anteriores, han tenido frente a sí el enorme reto de atender los problemas del agua, que asumen a través de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). El pasado 8 de septiembre se presentó el Paquete Económico 2024, el último proyecto de la administración de Andrés Manuel López Obrador, del cual se puede observar que el presupuesto proyectado para la Conagua tuvo un incremento de 207 % respecto del inicio de su administración (2019). En buena medida este incremento se explica por la programación de obras públicas de gran relevancia.
Entre las obras más importantes de esta administración destacan el “Proyecto Baluarte-Presidio”, en Sinaloa, donde se invertirán, tan sólo este año, 1 13,350 millones de pesos (mdp) para mejorar el servicio de agua potable, impulsar el desarrollo agrícola y producir energía eléctrica. En Durango se invertirán 8,600 mdp en el proyecto “Agua Saludable para la Laguna”, para abastecer de agua potable a los municipios de Lerdo y Gómez Palacio.
Sonora, por su parte, en 2023 recibirá una inversión de 8,292 mdp para dos obras que permitirán suministrar agua potable al Pueblo Yaqui. Así como estas, la lista de obras hidráulicas desarrolladas por la Conagua en este sexenio para garantizar el derecho humano al agua es amplia, lo cual es de celebrarse. Sin embargo, el desarrollo de este tipo de obras trae aparejado una serie de complicaciones que debemos tener presentes.
Por un lado, encontramos los riesgos de corrupción en distintas etapas del desarrollo de la obra. En la planeación, por ejemplo, ante la falta de perfiles especializados dentro de la Conagua y dado los conocimientos que se requieren para elaborar los proyectos técnicos y perfiles económicos, muchas veces los servidores públicos recurren a posibles proveedores para desarrollar las bases de una licitación. El contacto entre servidores públicos y proveedores, previo a la adjudicación de la obra, incrementa los riesgos de corrupción, como el ofrecimiento de un soborno al servidor público con el que se ha tenido contacto para asegurar la asignación de la obra. Recordemos además que este tipo de obras implican una suma de recursos considerable, por lo que el incentivo a sobornar para asegurar la adjudicación crece.
En la ejecución, las obras hidráulicas enfrentan otro tipo de complicaciones que generan retrasos y sobrecostos. Desde ejidatarios o propietarios de las tierras que salen a detener la obra porque no se indemnizó correctamente, hasta el cobro del derecho de piso, acaparamiento y definición del precio del material de construcción por parte de la delincuencia organizada.
Por otro lado, en la etapa de la entrega y puesta en marcha, tras haber recibido un soborno de los proveedores, los servidores públicos firman la recepción de obras inconclusas, con funcionamiento parcial o con errores en su operación. Esto genera, en cierta medida, un sin número de elefantes blancos que solo sirvieron para la foto de apertura (más del 25 % de las plantas potabilizadoras en el país no están en operación y un porcentaje similar de plantas de tratamiento de descarga de aguas residuales no funcionan).
Todos estos riesgos alrededor de las obras hidráulicas hacen necesario el escrutinio ciudadano, particularmente para evitar actos de corrupción. No obstante, este escrutinio no es posible cuando la opacidad es una constante en la Conagua. Hoy en día, la transparencia de esta dependencia se limita a listar las principales obras y el presupuesto asignado. Esta información no es suficiente para saber si hubo conflicto de interés en la asignación de una obra, si se generaron sobrecostos, si la obra funciona adecuadamente, entre otros factores.
Además de lo anterior, cuando se habla de obras hidráulicas, el monitoreo ciudadano enfrenta un reto adicional, que es hacer accesible información sumamente técnica. Incluso, los Órganos Internos de Control y la Auditoría Superior de la Federación deben estar lo suficientemente preparados para realizar una adecuada fiscalización y auditoría de este tipo de obras.
En conclusión, se requiere que el Estado implemente acciones que permitan consultar y analizar la información de asignación y ejecución del gasto con un lenguaje simple, en una versión amigable, que permitirá el monitoreo ciudadano a través de la vigilancia en la comprobación del gasto y al avance de la obra.
Si las obras hidráulicas tienen un fin tan noble como es el dotar del servicio a la población, atendiendo al derecho humano al agua, por qué no hacerlo de forma transparente, aludiendo a su objeto.
* Ana Lilia Ruiz (@RufloAna) es Investigadora en Ethos Innovación en Políticas Públicas (@EthosInnovacion).
1 Generalmente las obras hidráulicas son multianuales.
Las muestras del asteroide Bennu que recolectó la sonda Osiris-Rex podrían dar indicios sobre cómo se inició la vida en la Tierra.
Este domingo, la cápsula Osiris-Rex de la Nasa atravesó la atmósfera de la Tierra a unas 15 veces la velocidad de la bala de un rifle.
A esas velocidades, se convirtió en una bola de fuego en el cielo, pero un escudo contra el calor y un paracaídas frenaron el descenso, convirtiéndolo en un suave aterrizaje en el desierto de Utah, en EE.UU.
La cápsula trae un cargamento precioso: un puñado de polvo recolectado del asteroide Bennu, una roca espacial del tamaño de una montaña que puede darnos información clave para responder a una de las preguntas más profundas para los humanos: ¿de dónde venimos?
“Cuando tengamos los 250 g del asteroide Bennu, estaremos viendo material que existía antes que existiera nuestro planeta, incluso algunos granos podrían ser más viejos que nuestro sistema solar”, dice el profesor Dante Lauretta, investigador principal de la misión.
“Estamos tratando de rastrear nuestros inicios. ¿Cómo se formó la Tierra y por qué es un lugar habitable? ¿De dónde viene toda el agua de nuestros océanos? ¿de dónde viene todo el aire que existe en nuestra atmósfera? Y de manera más importante, ¿cuál es la fuente de todas las moléculas orgánicas que componen la vida en la Tierra?”.
La creencia que prevalece es que muchos de los componentes clave para la vida llegaron a nuestro planeta durante una época muy temprana de la historia de la Tierra en una lluvia de meteoritos, muchos de ellos a lo mejor parecidos a Bennu.
La travesía para conseguir los fragmentos de Bennu comenzó en 2016, cuando la NASA lanzó la nave Osiris Rex hacia el objeto de 500 metros de diámetro.
Le tomaría dos años en llegar al cuerpo rocoso y otros dos años más se dedicaron a cartografiarlo, antes de que el equipo de la misión pudiera identificar con confianza un lugar en la superficie de la piedra espacial en el que recoger una muestra de “tierra”.
Alguien clave a la hora de tomar esa decisión fue la leyenda británica del rock y astrofísico Brian May. El guitarrista de Queen es un experto en mapeo de imágenes estéreo.
Tiene la habilidad de alinear dos imágenes con diferentes ángulos de un mismo objeto para dar un sentido de perspectiva, formando una escena 3D. Él y su colaboradora Claudia Manzoni hicieron esto para elaborar la lista final de lugares en Bennu en los que recoger muestras. Ellos definieron los lugares más seguros para el acercamiento.
El momento de la captura de la muestra, el 20 de octubre de 2020, fue increíble.
Osiris Rex descendió hasta el asteroide, sosteniendo su mecanismo de agarre al final de un palo de 3 metros de longitud.
La idea era darle un golpe a la superficie de la roca y, al mismo tiempo, soltar un soplido de gas de nitrógeno para levantar polvo. Pero lo que ocurrió después fue un shock.
Cuando el mecanismo hizo contacto, la superficie se partió como un fluido. Para cuando el gas se disparó, el disco ya estaba 10 cm por debajo. La presión del nitrógeno abrió un agujero de 8 mts de diámetro. El material voló por todos lados, pero lo importante es que parte cayó en la cámara de recolección.
Así que aquí estamos. Osiris-Rex entregó la muestra del asteroide Bennu al final de lo que ha sido un viaje de ida y vuelta de siete años y de 7 mil millones de kilómetros.
La cámara será llevada al Centro Espacial Johnson, en Texas, donde se ha construido un cuarto especial dedicado al análisis de las muestras.
El doctor Ashley King del Museo de Historia Natural (NHM) de Londres, será uno de los primeros en poner sus guantes sobre el material. Forma parte del equipo “mirada rápida”, que será el que haga el análisis inicial.
“Traer muestras de un asteroide no es algo que hagamos muy a menudo. Así que quieres hacer esas mediciones iniciales y quieres hacerlas muy bien”, dice. “Es muy emocionante”.
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La Nasa ve al asteroide Bennu como la roca más peligrosa del sistema solar. Su trayectoria en el espacio hace que sea el asteroide con mayores probabilidades de impactar a la Tierra del que se tenga conocimiento.
Pero no hay que asustarse, las probabilidades son muy bajas, parecidas a que lances una moneda al aire y te salga cara once veces seguidas. Y un impacto no ocurriría el próximo siglo.
Bennu seguramente tenga agua, y bastante: al menos el 10% de su peso, y toda en sus minerales. Los científicos intentarán ver si las proporciones de los distintos tipos de átomos de hidrógeno en esta agua es parecida a la de los océanos de la Tierra.
Si, como creen algunos expertos, la Tierra temprana estaba tan caliente que perdió gran parte de su agua, el encontrar una coincidencia de H2O en Bennu podría impulsar la idea de que un bombardeo posterior de asteroides tuvo gran relevancia en darles volumen a nuestros océanos.
También es posible que Bennu contenga entre 5% y 10% de su peso en carbono. Aquí radica gran parte del interés. Como sabemos, nuestro planeta se basa en la química orgánica. Al igual que el agua, ¿habrán llegado las moléculas desde el espacio para que empezara la biología en la joven Tierra?
“Uno de los primeros análisis que se les harán a las muestras incluirá hacer un inventario de todas las moléculas basadas en carbono que contenga”, dice la profesora Sara Russell.
“Sabemos, a través de estudiar meteoritos, que los asteroides probablemente contienen distintas moléculas orgánicas. Pero en los meteoritos, muchas veces están bastante contaminadas, así que estas muestras nos dan una oportunidad de descubrir realmente cuáles son los componentes orgánicos prístinos de Bennu”.
El profesor Lauretta agrega: “De hecho, nunca hemos buscado en los meteoritos los aminoácidos de las proteínas por este problema de la contaminación. Así que creemos que realmente vamos a avanzar en nuestro entendimiento de lo que llamamos la ‘hipótesis de entrega exógena’, la idea que estos asteroides fueron la fuente de los bloques fundacionales de la vida”.
Reportería adicional de Rebecca Morelle, Alison Francis y Kevin Church
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